Bajo el lema: “Los niños no se guardan, se educan, se quieren, se cuidan, se nutren” avanzó con ímpetu la JUNJI en sus orígenes, lo que posibilitó la conformación de un organismo público para las niñas y niños con un sentido educativo integral. En 1972, hace ya 50 años y en las faldas del legendario Cerro de la Cruz, en Copiapó se fundó el primer jardín infantil dependiente de la repartición y que se denominó Piolín y al igual que en todas las ciudades del país; este establecimiento nace en una población representativa de la clase trabajadora, el sector Cartavío que junto a las poblaciones Barrionuevo, Borgoño, Pedro León Gallo y Rosario, demarcarían la frontera suburbana de Copiapó durante la segunda mitad del siglo XX. En ese entonces, el tren local y sus vías delimitaban el límite social de la ciudad; las poblaciones que quedaban sobre la línea férrea fueron tomas de terrenos espontáneas, en donde los pobladores se organizaron para construir sus viviendas e incluso, demarcar las manzanas y sitios que ocuparían. El desafío de establecer jardines infantiles y entregar un servicio educativo de calidad, movilizó a profesionales que, convencidas y convencidos en su contribución al mundo social, se desplegaron por   todo el país,   abriendo   establecimientos   en   campamentos   mineros,   asentamientos campesinos, poblaciones urbanas, comunidades indígenas, caletas y caseríos costeros, hospitales entre otros -con medios reducidos-pero con la enorme convicción que bajo su responsabilidad, estaba abrir las puertas al futuro de un país con un profundo sentido más humano de la vida; aprendizaje que se gestaba en la Temprana Edad. Durante los tres años de gobierno del Presidente Allende, la JUNJI y sus funcionarios lograron habilitar 400 centros parvularios en todas las provincias del país, con una matrícula de 50 mil párvulos, cifra cercana al 10% de la población de 0 a 6 años. 

 

En el período 1973 a 1990, la JUNJI continuó su proceso de habilitación de jardines infantiles, etapa en que se instala la Delegación Regional Atacama, en el mes de noviembre de 1975. En la Provincia del Huasco comenzó a funcionar en forma casi paralela los establecimientos “Pelusita” y “Naranjito”, el primero en una sede de la Población Hermanos Carrera y el segundo al interior del antiguo hospital de calle Merced, en Vallenar. En el Puerto de Chañaral, en la costanera comenzó a funcionar el jardín infantil Caracolito, siendo trasladado posteriormente a Ampliación Aeropuerto. Para la década 1980, se sumarían los establecimientos educativos Amanecer, Rabito y Campanitas. En 1985, se abre un centro parvulario en Alto del Carmen.

 

Finalmente, el director regional de JUNJI Atacama, Luis Campusano Kemp, indicó “Hoy a 52 años del nacimiento de JUNJI y a 50 de su llegada a tierras atacameñas, celebramos los logros alcanzados y esperamos los desafíos que abren paso al porvenir de la Educación Parvularia, en un contexto de dinamismo permanente y fenómenos sociales que la institución debe enfrentar. Sin duda, las restricciones impuestas por la reciente contingencia sanitaria fueron un reto de aprendizaje para la adaptación, ya que los equipos profesionales de la JUNJI fueron capaces de mantener la atención educativa, poniendo al centro a las niñas, niños y sus familias. Hoy, con un progresivo regreso a las actividades lectivas presenciales, la institución sigue desplegando estrategias pedagógicas que permitan potenciar los aprendizajes en un contexto de interacciones significativas y que se vieron parcialmente suspendidas durante la pandemia. En estos 50 años de historia en Atacama, agradecemos ostensiblemente la confianza y la participación de las familias usuarias de nuestra red de atención y que han regresado con sus hijas a hijos a nuestras comunidades educativas y con ellas, renovamos nuestro compromiso de educar a la primera infancia, como la labor más seria y relevante a la que una sociedad se puede abocar” finalizó.

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