Disnea, opresión torácica y tos, son algunos de los síntomas más frecuentes que se presentan entre quienes padecen de asma, síntomas que además se manifiestan principalmente durante la noche o la madrugada. En Chile, los resultados del Estudio Internacional de Asma y Alergias en la niñez (ISAAC) muestran una prevalencia en escolares entre 15 a 18%, la que aumentó notoriamente en los adolescentes chilenos.

 

El asma es una afección en la que las vías respiratorias se estrechan e hinchan, lo que puede producir mayor mucosidad, dificultando el paso del oxígeno a los pulmones. Esto puede dificultar la respiración y provocar tos, un silbido (sibilancia) al exhalar y falta de aire, afectando considerablemente la calidad de vida de quienes la padecen.

 

En nuestro país, se calcula que entre el 7% y 10% de la población tiene asma. Sin embargo, el jefe de Urgencias de Clínica Tarapacá, Dr. Gonzalo Rojas, señala que el porcentaje podría ser mayor, pues es posible que exista un sub-diagnóstico de la enfermedad.

 

Algunos síntomas del asma son las sibilancias, crisis de ahogo, sensación de pecho apretado, tos crónica, neumonías en niños, obstrucción bronquial por ejercicio en niños, adultos o jóvenes, lo que, junto con la falta de un tratamiento adecuado, podrían agravar la enfermedad.

 

“Si bien el 95% de los casos se pueden manejar eficazmente con los dispositivos disponibles hoy, no tratar la enfermedad puede provocar daños irreversibles en el sistema respiratorio del paciente”, aclara el especialista de Clínica Tarapacá.

 

El asma se clasifica según la gravedad en intermitente, persistente leve, persistente moderada y persistente grave. Si bien el asma no se puede curar, sí se pueden controlar los síntomas para evitar las crisis, con el fin de mantener una actividad física normal y preservar la función pulmonar.

 

En tanto, el Dr. Gonzalo Rojas menciona que los factores desencadenantes son múltiples y diferentes en cada persona. A pesar de eso, es importante mantenerse alerta para quienes sean pacientes crónicos.

 

“Existen muchos tipos de desencadenantes y los más comunes son las infecciones virales y alergias, principalmente a los ácaros del polvo, pasto, malezas, árboles, hongos, pelo de animales y cucarachas. Además, no debemos olvidar el rol de los contaminantes ambientales que existen en el aire y factores irritantes como la exposición al humo de tabaco, estufas a parafinas, leña, smog, o químicos fuertes que provienen de pinturas y pegamentos”, enfatiza.

 

Algunas de las recomendaciones que realiza el jefe de Urgencias de Clínica Tarapacá, para controlar una crisis, son mantener el tratamiento diario indicado por el médico tratante, usar correctamente los inhaladores, identificar los factores gatillantes y realizar un control periódico según la necesidad. En caso de una grave dificultad para respirar, el llamado es recurrir a un servicio de urgencia.

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