“Ese es el concepto clave. No hay otra nueva masculinidad. Lo importante es tener empatía y ser consciente de que mi pareja, o las mujeres de mi entorno, tienen los mismos derechos que yo, y actuar en consecuencia”.

Así de categórico se expresa Javier Maravall desde Madrid, doctor en historia contemporánea y especialista en estudios de masculinidad y prevención de la violencia de género, quien mañana sábado será el invitado especial de un conversatorio vía Zoom sobre masculinidad y cuidados organizado por Fundación Marita Elena.

Conocedor de la realidad nacional luego de trabajar y estudiar seis años en Chile, Maravall recuerda situaciones que vivió en el país y que reflejan el rol del hombre en las labores domésticas y de cuidados.

“Mira, cuando viví en Chile conocí a hombres que no eran violentos, lloraban, estaban en contacto con sus emociones, escribían, eran muy empáticos con los derechos humanos.

Pero luego, a la hora de hacer los cuidados de base, como ocuparse de una persona en situación de discapacidad, o de un abuelito, cuidar los hijos, ellos se restaban de esa labor, y no porque pensasen que las mujeres lo iban a hacer mejor.

Otra cosa es que uno diga, como discurso justificatorio, que por biología las mujeres cuidan mejor, pero no tiene nada que ver con eso.

Cuidar a una persona dependiente requiere tiempo, esfuerzo, trabajo, y más encima el cuidado no es remunerado.

Con lo cual, con este perfil de hombre chileno moderno, avanzado, sabe que, si tiene que cuidar a otra persona deberá renunciar a tiempo para él, y, por ende, a su proyección profesional, al ocio, aficiones u amigos”.

Entiendo que la mayoría de los hombres que conociste en Chile no se identificaban como parte de una sociedad patriarcal. ¿Por qué?

Porque es mucho más cómodo. 

En mi estadía en Chile vi directores de organismos importantes, de universidades que, desde un discurso izquierdista, igualitario, que luego en su cotidianidad percibía que por comodidad no se implicaban de manera equitativa, por ejemplo, en los cuidados de los hijos o de las personas mayores dependientes. 

Es decir, priorizaban su proyecto profesional.

Pero ellos no se consideraban machistas porque tenían interiorizado que esa es la prioridad, el rol del varón.

Es muy cómodo que la abuela cuide al nieto, es muy cómodo que uno se pueda ir a un congreso de viaje y tu mujer se quede con los niños.

Mira, cuando nace un bebé siempre, en los primeros años de crianza, quien pide licencias, o la reducción de jornadas es ella, ocurre en España y en Chile.

Ellos no dejan de ganar dinero por cuidar a sus hijos y ellas sí, y ni se lo plantean.

A final es un tema de privilegios.

¿Cómo se modifica esa realidad?

Cuando consigues empatizar y ponerte en los zapatos de una mujer.

Y ese proceso puede tomar muchos años de terapia, de poder preguntarse qué costos tiene para mi pareja todo el trabajo que ha realizado con los hijos, en términos de tiempo, de espacios.

Ese cambio tiene que ser desde la humildad, preguntarse yo, como hombre, qué privilegios estoy teniendo y cuáles por inercia estoy ejerciendo. 

Hay que decir, tal y como apuntaba el psiquiatra experto en masculinidades, Luis Bonino, que hay toda una amalgama de micromachismos que operan muchas veces desde el subconsciente y de la inercia de los comportamientos sociales del pasado que permean todavía en la actualidad. Estos micromachismos son muchas veces sutiles e imperceptibles, pero que también han de ser parte de un cuestionamiento y cambio.

En Chile, a mí me sorprendió mucho ver que en los asados siempre cocinaba el varón, con una copa o cerveza en la mano. Y luego estaban las mujeres como preparando las ensaladas, el acompañamiento, y luego al final, después de todo, quien había hecho el asado era el campeón, y en la tarde ya no hacía nada, dejando toda la labor de levantar y limpiar la loza quedaba en manos de la mujer.

¿No te parece que sí existe un perfil de hombres que asumen de manera igualitaria el rol que les cabe junto a las mujeres, conocido como parte de una nueva masculinidad?

Cuidado con las etiquetas. No se trata de una nueva masculinidad en términos de partir de cero.

Hay diferencias biológicas entre hombres y mujeres, y parte de nuestra idiosincrasia, no hay que renunciar ni perderla.

Yo no soy un purista igualitarista que “todo igual”. Hay que ser conscientes que hay diferencias biológicas claras, lo que esto no significa que se utilice ese discurso para impedir que las mujeres alcancen cuotas de igualdad en el resto de los ámbitos o puedan vivir sus derechos existenciales con las mismas garantías y oportunidades.

Por ejemplo, no le podemos pedir a un hombre que no cosifique, como dicen las feministas más extremas, porque luego hay que hablar de un feminismo muy excluyente, pero es un tema aparte.

Yo tengo todo el derecho de ver un cuerpo femenino que me parezca exuberante y cosificarla. Es decir, convertirla en objeto de deseo.

Otra cosa es cómo lo voy a gestionar. Pero esos impulsos sexuales responden a una idiosincrasia masculina, funcionamos de una manera distinta a la mujer, pues tenemos órganos sexuales distintos.

Yo lo que les planteo a los jóvenes con los que trabajo acá en España es que no dejen de desear, de masturbarse, de aprender a distinguir entre fantasía y realidad, o mirar las consecuencias lógicas de llevar una fantasía a la práctica. Eso es parte un proceso. 

Tú vez un cuerpo, lo cosificas, pero detrás de esos pechos hay una persona, y si quieres tocar esos pechos tienes que conocer primero a ese ser humano, escuchar lo que quiere también.

Es un proceso de ética de la igualdad, pero también de habilidades, de conocer al otro.

Hablabas de un feminismo muy excluyente. ¿A qué te refieres?

Me pasa con unas compañeras extremas, como las llamo yo, que, si bien representan a grupos importantes del mundo feminista, pero minoritarios, utilizan el feminismo desvirtuado como bandera de lucha, porque están enojadas, por temas personales, y sacan toda la rabia contra el sistema, y bueno, no comparten lo que estoy diciendo ahora. Las mujeres también cosifican, y no está mal.

La nueva masculinidad no significa necesariamente que los hombres se reinventen, sino que renuncien a los privilegios. Ese es el concepto clave. No hay otra nueva masculinidad.

Javier Maravall participará de un conservatorio abierto, mañana sábado, a las 11 am, organizado por Fundación Marita Elena, donde profundizará en temas de violencia de género y rol del hombre en las labores domésticas y de cuidados. Vía Zoom. ID de reunión: 845 8607 4604 Código de acceso 031498.

 

Print Friendly, PDF & Email

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here