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El cobre, Chile y Tarapacá

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Si uno mira el mercado del cobre hoy, la primera conclusión es evidente: estamos frente a un ciclo extraordinariamente favorable. Pero cuando bajamos al caso de nuestro país y región, la lectura cambia y se vuelve incómoda. 

A nivel global, el cobre vive un verdadero “super ciclo silencioso”. No hay euforia mediática como en el litio, pero los fundamentos son incluso más sólidos. El precio ha alcanzado niveles históricamente altos, superando los US$6 por libra en este mes de abril, con alzas cercanas al 30% anual. Y no es casualidad, detrás de esto hay tres fuerzas estructurales claras: La transición energética, la electrificación de la economía global y una oferta que simplemente no logra crecer al ritmo de la demanda. El mundo necesita más cobre, y no lo está produciendo.

Chile, en ese contexto, sigue siendo un actor central, con aproximadamente el 25% de la producción mundial. Pero ese liderazgo ya no crece: se estanca.

En 2025, la producción nacional alcanzó aproximadamente 5,4 millones de toneladas, con una caída de 1,6% respecto al año anterior, consolidándose como una de las cifras más bajas de la última década. Es decir, el país líder mundial, está produciendo menos.

¿Y por qué ocurre esto?

Las razones son estructurales: caída en la ley del mineral, aumento de costos, envejecimiento de yacimientos, y una «permisología» que ralentiza nuevos proyectos. A eso se suma un elemento clave: la productividad. El resultado es una paradoja evidente: tenemos precios altos, demanda asegurada, pero no aumentamos la producción. Y eso limita directamente el impacto fiscal y económico del cobre. Porque el verdadero beneficio no está solo en el precio, sino en el volumen.

Cuando llevamos este análisis al plano regional, el caso de Tarapacá es aún más ilustrativo y preocupante. Por un lado, la región sigue siendo un actor clave en la minería del cobre. Operaciones como Collahuasi, una de las más grandes del mundo, continúa siendo un pilar productivo en Tarapacá, con 558.000 toneladas anuales de producción (2025) y relevancia estratégica global. Además, el cobre sigue siendo el motor de la economía regional.

En el balance del año, las exportaciones de cobre de Tarapacá no muestran un crecimiento sostenido, sino alta volatilidad. La tendencia dominante en gran parte de 2025 fue de fuertes caídas interanuales, especialmente en el primer semestre. Al cierre del 2025 mostró recuperación parcial, pero no suficiente para hablar de expansión estructural.

El Índice de Producción Minera en Tarapacá mostró caídas significativas, con una baja de más de 20% interanual, explicada principalmente por una contracción de 21,8% en la minería del cobre. Y no es un dato aislado: la región acumula varios meses de retroceso en la actividad minera.

¿Qué hay detrás?

Los mismos problemas estructurales que enfrenta el país, pero amplificados a nivel regional:

menor ley del mineral, restricciones hídricas, mayores costos, menor dinamismo en nuevos proyectos. Es decir, Tarapacá refleja, en escala regional, la misma contradicción nacional: una región rica en cobre, pero con dificultades para sostener su crecimiento productivo.

Hoy el mundo necesita cobre como nunca antes. La transición energética no es una tendencia pasajera: es una transformación estructural de décadas. Y Chile, y particularmente nuestra región de Tarapacá, están en el centro de esa oportunidad. Pero las oportunidades no son eternas, si no aumentamos producción, si no mejoramos productividad, si no aceleramos inversión, otros países van a ocupar ese espacio. 

Porque el cobre no espera. Y la pregunta de fondo, tanto a nivel país como regional, sigue siendo la misma:

¿Vamos a liderar este ciclo… o simplemente vamos a observar cómo pasa? 

Agustín Rendic 

Ing. control gestión UNAP 

Post. economía y finanzas USACH 

OET observatorio económico Tarapacá